
Me ha encantado estar a su lado, acompañándole en la mesa con mi compañera Mariví, que ha hecho de maestra de ceremonias. Qué bien cuenta Lorenzo, casi tanto como cuando escribe. Ha hablado del oficio del escritor y lo ha comparado con el de lector, de la adolescencia como etapa especial y que marcará el resto de la vida, de la putrefacción de la televisión actual, de la desilusión que le produce internet y cómo no sobre sus técnicas de escritura. Ha dedicado varias de sus novelas con paciencia y afecto, se ha tomado un cortado lentamente y hemos hablado, mucho, de hijos, libros fáciles y complicados, de la ciudadanía y de cómo sobrevivir en una ciudad como Madrid. Me queda la satisfacción de volvernos a ver en Badajoz en pocos meses y de seguir encontrando a un buen conversador en cada uno de sus libros, a cual mejor.