
Hace unas semanas Javier Pérez Walias mencionó con amistad mi nombre dentro de sus elecciones y ahora soy yo el que felizmente se congratula de formar parte de esta gran familia poética. Me acaba de mandar un e-mail el bueno de Agustín para contarme que ya me ha subido al blog. Para esta ocasión he recordado a trece poetas que admiro y leo con sinceridad, aunque podría haber nombrado a otros veinte. Toda la poesía me interesa, sin excepciones; sólo unas pocas logran entablar una conversación íntima, personal, y a ellas les dedico todo el tiempo del que dispongo.
Abrazos poéticos como éste, amigos, reconfortan verdaderamente...
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1
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Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones,
y si así lo deseas yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.
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2
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Amigo -con la tarde haz que se vaya
este inútil y viejo deseo de vencer.
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Bebe en mi cántaro si tienes sed.
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Amigo -con la tarde haz que se vaya
este deseo mío de que todo rosal
me pertenezca.
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Amigo,
si tienes hambre come de mi pan.
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3
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Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto
que sin mirar verás en mi estancia desnuda:
todo esto que se eleva por los muros derechos
-como mi corazón- siempre buscando altura.
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Te sonríes -amigo. Qué importa. Nadie sabe
entregar en las manos lo que se esconde adentro,
pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves,
y todo te lo doy... Menos aquel recuerdo...
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...Que en mi heredad vacía aquel amor perdido,
es una rosa blanca que se abre en silencio...
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Pablo Neruda