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martes, 12 de enero de 2010

Alberti acabó creyéndose sus propias memorias

Éste es el titular con el que el fin de semana pasado aparecía la entrevista que me realizó la Agencia EFE, haciéndose eco de la publicación de mi último libro Alberti y García Lorca, la difícil compañía (Renacimiento). Más o menos, en unos cuarenta medios, la noticia ha aparecido con estas palabras:
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El profesor de Literatura Hilario Jiménez Gómez, que ha biografiado las relaciones personales y literarias de Lorca y Alberti en 'La difícil compañía' (Renacimiento), asegura que cuando se entrevistó con Alberti para este trabajo comprobó que «acabó creyéndose sus propias memorias». «Alberti mentía mucho, pero inconscientemente» y sus memorias, agrupadas bajo el título de 'La arboleda perdida', «las escribió cincuenta años después de los hechos, un escritor de una gran imaginación como fue él», señala Jiménez Gómez, quien pone entre otros como ejemplo de inexactitud cómo Alberti contaba que conoció a Lorca.
Según los relatos memorialísticos del gaditano, Lorca le fue presentado por Gregorio Prieto, pero esto no es posible, según el biógrafo, porque se conserva una carta del propio Alberti a Prieto dándole cuenta de que acaba de ver a Lorca.
«Alberti confundía todo, nombres, fechas y lugares», asegura Jiménez Gómez, quien, tras haber dedicado una tesis doctoral y varios años a investigar las relaciones y el epistolario de ambos poetas, asegura que las cartas que se cruzan Lorca y Alberti son «cartas paladinas, como las que se le escriben a un vecino, vacías».
«Lorca marcó siempre mucha distancia con Alberti, no le gustó nunca; y Alberti hablaba mal de Lorca a sus amigos, como hace por carta a José María de Cossio o a José María Chacón, cuando le llama 'Federica' y le trata con tremenda fobia, o cuando dice del granadino que es 'una niña que coge aceitunas' y que le ha enseñado mucho de botánica».
'Alberti y García Lorca. La difícil compañía' es un libro que aborda los doce años en que ambos poetas se conocieron, desde 1924 a 1936, si bien sólo tuvieron posibilidad de coincidir seis años -cuando Lorca no estaba en América, Alberti se encontraba en Europa- y constata que cuando el granadino fue asesinado «llevaban varios meses sin hablarse».
El desencadenante de este alejamiento final fue que Alberti y su esposa, María Teresa León, trataron de forzar a Lorca para que firmara manifiestos comunistas e ingresara en el PCE, a lo que el granadino se negó con rotundidad, lo que originó una agria discusión entre ambos poetas de la que fue testigo Dámaso Alonso, en Madrid. Jiménez Gómez también habló con Pepín Bello, quien le constató que Alberti y Lorca nunca fueron amigos, y le aseguró que muchos se apartaban de Lorca por su extremo amaneramiento, una circunstancia que no hacía precisamente feliz al granadino.
El biógrafo de esta 'difícil compañía' asegura que sus charlas con Alberti en sus últimos años de vida fueron «una experiencia bonita», pero que le reportaron pocos datos «porque se emocionaba; al hablar de Lorca decía 'lo estoy viendo ahora mismo' o aquello de 'tenían que haberme matado a mí en vez de a él'».
«Lo de la Generación del 27 como la 'Generación de la amistad' fue algo que alentaron todos ellos, pero nunca hubo amistad verdadera entre ninguno del grupo», asegura el biógrafo.
Antes al contrario, a Lorca y Alberti los azuzaban sus propios compañeros, desde Pedro Salinas y Jorge Guillén, que se referían a ellos como «gallitos»; José Bergamín, que cargaba contra Lorca en cuanto podía, o el padre de todos ellos, Juan Ramón Jiménez, prefiriendo al gaditano.

El poeta granadino Luis García Montero, en el prólogo de esta 'difícil compañía', da otra vuelta de tuerca al afirmar: «Federico García Lorca y Rafael Alberti no fueron enemigos. Nada más y nada menos». Y añade: «Los motivos de su celebrada cercanía se deben a tópicos de la crítica literaria y a la nostálgica elaboración de una mitología muy propia de la generación del 27».
«La rivalidad a la que se vieron sometidos desde el principio pudo haber tenido, y hubiese sido lógico según otros ejemplos, peores consecuencias», añade García Montero, para acabar su prólogo matizando: «Nunca hubo una amistad estrecha entre García Lorca y Alberti, pero sí respeto mutuo y conciencia de intereses estéticos y humanos compartidos».
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Nada que objetar; sí me gustaría, sin embargo, perfilar alguna cosa. Alberti redactó unas deliciosas memorias tituladas La arboleda perdida divididas en cinco libros, una labor que hay que agradecer al gran poeta gaditano; pero están plagadas de inexactitudes y confusiones, intencionadas o no. Esto no es un reproche; lógicamente recordar ciertos sucesos de la vida de uno treinta años después de que ocurriesen y en la terrible situación vital en la que se encontraba Rafael es francamente difícil. Ojalá muchos otros autores de su generación nos hubiesen dejado por escrito sus recuerdos...
En lo referente a Federico García Lorca todo queda reflejado en estas memorias con un halo de melancolía que poco tiene que ver con la realidad que vivieron. Con respecto a que llevaban meses sin hablarse antes de que asesinaran a Lorca, no es cierto. En febrero de 1936 Federico y muchos otros amigos realizaron un homenaje a Rafael y a María Teresa León cuando regresaron a España de su largo periplo americano; además se unieron en muchos manifiestos y reivindicaciones sociales en estos meses convulsos. Lo del enfado final tristemente sucedió así.
Queda claro y patente (he recogido muchos datos en el libro) que nunca fueron amigos, pero tampoco les importó. Las envidias y los celos entre ambos son evidentes. Hay que poner las cosas en su sitio; La arboleda perdida de Alberti es literatura no historia. Que ustedes lo lean bien.

sábado, 3 de abril de 2010

Los dos gallitos andaluces

Desde tierras sorianas leo hoy una nueva y excelente reseña de mi libro sobre Federico García Lorca y Rafael Alberti escrita por el profesor Manuel Simón Viola (que ya se acercó en una primera lectura desde su blog no hace mucho y a la que tituló "Alberti y Lorca, una amistad imposible"). Esta última reseña salió hace unos días en Trazos, cuadernillo cultural del diario extremeño Hoy; ahora la rescato aquí. Muchas gracias amigo.
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LOS DOS GALLITOS ANDALUCES
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Alberti y García Lorca, la difícil compañía.
Hilario Jiménez Gómez
Sevilla, Ed. Renacimiento, 2009, 357 págs.
Prólogo de Luis García Montero
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Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua y literatura, Hilario Jiménez (Montánchez en 1974) ha publicado hasta el momento cinco poemarios marcados por la noble huella de sus referentes preferenciales (Alberti, Miguel Hernández, García Lorca...): Paisaje sin figuras (1995), En un triángulo de ausencias (2003, ilustrado por Eduardo Naranjo), Versos de color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004) y Diario de un abrazo (2008).
Paralelamente a esta notable obra poética, Hilario Jiménez ha ido entregando numerosos trabajos sobre el periodo literario conocido como la “edad de plata” y que se corresponde con los años veinte y treinta, el protagonizado, junto a restos de movimientos estéticos precedentes, por las vanguardias y la generación del 27. Su trabajo mejor acogido ha sido Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (Fundación Rafael Alberti, 2001, reeditado por la I.C. El Brocense en 2003), pero resulta de justicia mencionar su labor de coordinación y edición del magnífico volumen Neruda, un corazón que se desató en el viento (Cáceres, I. C. El Brocense, 2005). Ahora, la editorial sevillana Renacimiento publica una edición revisada del libro citado con nuevos documentos y bibliografía actualizada.
De los numerosos epígrafes con que fue denominado el conjunto de poetas que se dieron a conocer en la tercera década de siglo (generación de la Dictadura, de la República, del 27...), el “de la generación de la amistad”, fomentado por los propios componentes, subrayaba la relación afectuosa que cohesionó al grupo hasta, al menos, los umbrales de la guerra civil. Hilario Jiménez ha indagado en la relación que unió a dos poetas andaluces hermanados en la inercia de los hábitos académicos (la misma que empareja a Guillén con Salinas, a Aleixandre con Cernuda...) desde 1924, año en que Lorca y Alberti se conocen en la Residencia de Estudiantes de Madrid, hasta el verano de 1936 en que es asesinado el poeta granadino.
El resultado es un riguroso trabajo, perfectamente documentado (cartas, fotografías, postales, manifiestos, noticias de prensa...) que traza el itinerario de una “amistad” en que alternaron las declaraciones públicas de afecto con los desencuentros. Visto desde hoy, resulta comprensible que se vieran abocados a una rivalidad inevitable: ambos se inician cultivando un neopopularismo andaluz cuyas diferencias trataron desde el primer momento de subrayar, pues, en efecto, como dice el prologuista: “Lorca daba voz a la Andalucía interior, trágica, de ríos cargados de suspiros y serranías marcadas por la luna [...] Alberti exponía la otra imaginación andaluza, el sol de unos litorales de azoteas y de dunas...”, pero, además, las circunstancias los obligaron a coincidir en ciertos temas (la estética gongorina, la muerte de Ignacio Sánchez Mejías), se sintieron atraídos por los mismos géneros (la poesía y el teatro) y dieron entrada en su trayectoria a las mismas corrientes de modo sucesivo (neopopularismo, surrealismo). No contribuyeron a mejorar las cosas la indecisión de Lorca a la hora de publicar, lo que ocasionó que Alberti, cuatro años más joven, se le adelantara con libros como Marinero en tierra (premio nacional de literatura de 1925; el Romancero gitano vio la luz en 1928), la predilección de Juan Ramón Jiménez por Alberti, o la actitud condescendiente de los poetas “catedráticos”, para quienes eran “los dos gallitos andaluces”, unos escritores, al fin, cuyo éxito (de lectores, de espectadores) no era sino indicio de sus carencias o confirmación de sus concesiones populares.
Aunque la perspectiva crítica de Hilario Jiménez es impecablemente ecuánime, la lectura de este excelente trabajo deja la impresión de que Lorca fue culpable en mayor medida de esa “amistad imposible”, pues aunque supo contrapesar su actitud con declaraciones de afecto y de sincera admiración, pudieron más su enfermiza egolatría, sus celos, el envanecimiento del éxito..., de modo que Luis García Montero puede afirmar “Federico García Lorca y Rafael Alberti no fueron enemigos. Nada más y nada menos. El libro de Hilario Jiménez Gómez ordena este panorama ideológico y plantea las cosas en su lugar [...]. Fueron dos poetas nobles, con ellos mismos y entre sí, y los dos procuraron que la rivalidad de las situaciones literarias no se convirtiera en hostilidad manifiesta”.
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Notas al margen (Blog de Simón Viola)

sábado, 17 de noviembre de 2018

 
Muchas gracias a Manolo Pecellín por esta lectura de mi edición de la poesía última de Federico García Lorca. Aquí os dejo su reseña en el periódico «Hoy». La rescato aquí...
 
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Natural de Montánchez (1974), licenciado en  Filología Hispánica, Hilario Jiménez es profesor de Lengua y  literatura españolas. Cronista de su pueblo, ha publicado los libros Historia de Montánchez. Desde sus orígenes hasta el siglo XXI (2008), Montánchez: otro tiempo, otras gentes (2009) y la biografía del montanchego Ángel Pérez Murillo (2014).
Especialista en los autores del 27, la literatura de vanguardia y la poesía española contemporánea, es autor de numerosos artículos, ensayos y ediciones críticas sobre Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, María Teresa León, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Juan Antonio Gaya Nuño y Félix Grande.
Suyos son los poemarios En un triángulo de ausencias (2003), Versos color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), Diario de un abrazo (2008), Hoy es siempre todavía (2012), De la noche a los espejos (2015), El coleccionista de inviernos (2016), AQVA (2017) y Para que la vida ocurra (2018).  En Antología (im)personal (2015), se ha recogido una amplia selección.
Con Exprimiendo limones de madrugada (2013) ofrecía una selección de las entradas más personales de su blog.
Como ensayista, le pertenecen las obras Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo(2001), Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009) y Juan Antonio Gaya Nuño y Rafael Alberti, entre la firmeza y el vuelo (2016).
Otro aspecto de su infatigable actividad creadora es la de editor, con publicaciones como Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2005); Félix Grande: Una grieta por donde entra la nieve (2006); Concha de Marco: Celda de castigo (2016); Medio pan y un libro. Breve antología poética de autores cacereños (2016) y Concha de Marco: Y es noche siempre (2017).
 
Esta última faceta es la que le ha permitido reeditar dos de los últimos trabajos poéticos de su adorado García Lorca, Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro, ambas publicaciones póstumas, a las que Hilario adjunta un iluminador estudio preliminar, anexos, apéndices e ilustraciones enriquecedoras. Sin haber pretendido una edición crítica, sí se ha esforzado por “ofrecer unos textos lo más fieles posible al deseo de su autor” (pág. 14), sirviéndose para los mismos del manejo de los manuscritos originales y de las herramientas bibliográficas oportunas e introduciendo algunas leves variantes respecto a las ediciones más conocidas. (La singular ortografía de Lorca, una leve dislexia y farragosa ortografía pueden inducir a equívocos).
Dedica el trabajo a su maestro Gregorio Torres Nebrera, catedrático de la UEX ya fallecido y agradece al también extremeño Basilio Rodríguez Cañada, en nombre de Sial-Pigmalión que el libro vea la luz.
Diván del Tamarit, aunque los textos se fechen entre 1931-1935, no se publicaría hasta 1940 (Nueva York, Revista Hispánica Moderna). Lorca  le quiso dar un trasfondo árabe (“Diván” significa en persa “colección”) en homenaje a su Granada (“Tamarit” es el nombre de una huerta de su tío). Lo compuso en estrofas de tradición arábigoandaluza: once “gacelas”  y nueve “casidas”, si bien, según explicaba Emilio García Gómez en un proyectado prólogo (1935), que Hilario Jiménez anexa, la métrica lorquiana no  se atuvo estrictamente a la norma tradicional. El amor y la muerte volvían a ser los grandes temas del granadino.
En cuanto a los Sonetos del amor oscuro, no aparecerían hasta de manera conjunta hasta 1983 y han sido ocasión de numerosos estudios. Se sabe que el término “oscuro” venía connotando para el poeta, desde la estancia en Nueva York, referencias a la homosexualidad. “Epéntico” convicto, enamorado de tantos (tal vez de Rafael Rodríguez Rapún como de ninguno), Lorca se mostrará como se sentía en estos magníficos sonetos.
 
Federico García Lorca, Diván del Tamarit /Sonetos del amor oscuro. Edición de Hilario Jiménez Gómez. Madrid, Sial, 2018
 
 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Simón Viola y mis limones


A Simón Viola también le ha gustado mi zumo de limón y escribe sobre mi libro el pasado sábado en "Trazos", suplemento cultural del diario Hoy. Gracias, amigo, por tus palabras. Aquí las traigo...

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Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua y literatura, Hilario Jiménez (Montánchez en 1974) ha publicado hasta el momento cinco poemarios marcados por la noble huella de sus referentes preferenciales (Alberti, Miguel Hernández, García Lorca…): En un triángulo de ausencias (2003, ilustrado por Eduardo Naranjo), Versos de color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), Diario de un abrazo (2008) y Hoy es siempre todavía (2012), además de colaborar en antologías y libros colectivos como Cuatro poetas en un tobogán (2006), Encuentro en Guadalupe (2008), Corazón de casa (2009) o Escarcha y fuego (2010).
Paralelamente a esta notable obra poética, Hilario Jiménez ha ido entregando numerosos trabajos sobre el periodo literario conocido como la “Edad de Plata” y que se corresponde con los años veinte y treinta, el protagonizado, junto a restos de movimientos estéticos precedentes, por las vanguardias y la generación del 27. Su trabajo mejor acogido ha sido Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (Fundación Rafael Alberti, 2001, reeditado por la I.C. El Brocense en 2003), pero es preciso mencionar asimismo su labor de coordinación y edición del magnífico volumen Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (Cáceres, I. C. El Brocense, 2005), la edición de una selección poética de Félix Grande, Una grieta por donde entra la nieve (2006) y el ensayo Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009), prologado por otro buen conocedor del poeta granadino, Luis García Montero.

Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Exprimiendo limones de madrugada, cuyo origen se encuentra, como afirma en una nota inicial, en algunas de las entradas a un blog titulado Ausencias que Hilario viene alimentando desde 2006, “mientras tomaba conciencia de un pensamiento de Ortega y Gasset: ‘Una buen parte de los hombres no tiene más vida interior que la de sus palabras”. Con un perceptible tono diarístico, los textos, fechados entre 2006 y 2010, se abren a una pluralidad de motivos que ocupan la vida cotidiana del escritor y sus varias pasiones.
Nombrado cronista oficial de la Antigua y Leal Villa de Montánchez, Hilario es autor de dos obras de la ciudad que ven la luz en estos años, Historia de Montánchez. Desde sus orígenes hasta el siglo XXI, 2008, y Montánchez: otro tiempo, otras gentes, 2009, además de participar en la organización de los “Encuentros en Montánchez. Diálogo de culturas”, un festival de música, danza, teatro, literatura y arte, que se celebra desde 2006.
Su labor como profesor de lengua y literatura en institutos de la región aflora al relatar la relación con los alumnos en el aula y en excursiones entre lúdicas y culturales (divertida la anécdota del alumno que reacciona aterrorizado al enterarse de que Gabriel y Galán tuvo un hijo póstumo). Pero esta tarea cotidiana alterna con los viajes (Madrid, las altas tierras de Soria, Italia), los encuentros literarios, las conversaciones con escritores consagrados (Álvaro Mutis, Pepín bello, el componente “ágrafo” del veintisiete, Saramago, Sánchez Dragó, Luis García Montero…), las novedades literarias que adquiere o le envían amigos y conocidos, las lecturas y relecturas, los encuentros frecuentes con sus compañeros de “generación” (Pilar Galán, José María Cumbreño, Antonio Reseco, Daniel Casado, Basilio Sánchez…) o los poemas reproducidos junto al texto en que se da cuenta de su origen (homenajes a Eduardo Naranjo, Miguel Hernández, a Pablo Neruda o Ángel Campos).
Varias entradas se destinan a contar la recepción de su ensayo Alberti y García Lorca. La difícil compañía, una obra de un extraordinario impacto mediático, y a reiterar sus tesis: entre ambos poetas jamás hubo una amistad sólida, los recuerdos de Alberti en La arboleda perdida son o inexactos o interesados, además de denunciar las delirantes hipótesis sobre el lugar en que reposan los restos de Lorca.

Exprimiendo limones de madrugada es un libro diverso y plural que interesará a cualquier lector culto y que, por su condición diarística, acaba dibujando, acaso sin pretenderlo, el perfil de un hombre movido por la más noble curiosidad intelectual, amante de la literatura hasta el fetichismo (fotografías, cartas, dedicatorias…), entusiasta y afirmativo.

EXPRIMIENDO LIMONES DE MADRUGADA
Hilario Jiménez Gómez
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Vincapervinca, 2013, 256 págs.

domingo, 29 de enero de 2017

Leyendo a Gaya Nuño y Alberti (4)



 
En "Trazos" (Diario Hoy, 29 de enero de 2017) Manuel Pecellín analiza con amistosa sabiduría este libro mío protagonizado por dos grandes. ¡Muchas gracias!
 
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RAFAEL ALBERTI VERSUS GAYA NUÑO
Manuel Pecellín Lancharro
 
Nacido en Montánchez (1974), población de la que es cronista oficial y a la que ha dedicado entre otros los libros Historia de Montánchez. Desde sus orígenes hasta el siglo XXI (2008) y Montánchez: otro tiempo, otras gentes (2009), Hilario Jiménez Gómez es profesor de lengua y literatura. Bloguero activo (sus páginas más personales aparecieron reunidas el año 2013 en la obra Exprimiendo limones de madrugada), cuenta también con una notable obra poética: En un triángulo de ausencias (2003), Versos color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), Diario de un abrazo (2008) o De la noche a los espejos (2015) y fue incluido en diferentes obras  colectivas, desde Cuatro poetas en un tobogán (2006) a Generación Subway. Nada es lo que parece (2016). Una amplia selección de sus versos vio la luz en Antología(im)personal (2013).
Licenciado con grado en Filología Hispánica, Jiménez Gómez posee también una importante producción ensayística con títulos como Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (2001, 2003) o Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009), o Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2004).
Nuevamente se ocupa del gran hombre de la bahía gaditana, esta vez relacionándolo con el soriano Juan Antonio Gaya Nuño. Los dos son figuras de máxima relevancia para la cultura española. Aunque laboraran en áreas distintas, tuvieron no pocos rasgos comunes, que forzosamente los llevarían a relacionarse, con menos fortuna, eso sí, de lo esperado en tan valiosas personalidades. Figura sobresaliente de su Generación el andaluz, también conocido por aficiones pictóricas juveniles, el segundo se convertiría en uno de los críticos de arte más famosos, no exento de veleidades poéticas. Los dos fueron leales a la II República, lo que condujo al exilio durante cuarenta años a Alberti, miembro del PCE; a la cárcel y al no menos duro exilio interior, al ensayista.
Uno y otro fueron profundos admiradores de Pablo Picasso, según demuestran los testimonios aquí recogidos por Jiménez. No obstante, lo que pudo convertirse en el más estrecho vínculo entre el poeta y el crítico, con el propósito de componer entre los dos una gran obra sobre el pintor malagueño, atractiva propuesta nunca finalmente realizada, terminaría convirtiéndose más bien en fuente de desacuerdos. Nadie lo ha explicado mejor que la esposa de Gaya, Concha de Marco, también escritora, cuya lucidez la condujo a ser muy dura con el Alberti regresado a España, más soberbio y fatuo que nunca,  como un mito de la transición democrática. 
Hilario Jiménez, apoyándose en documentación de primera mano, cuyas piezas fundamentales reproduce su libro, analiza esos episodios de encuentros y separaciones, tratando de iluminar el carácter de los dos protagonistas y, trascendiendo las coyunturas existenciales, la relación entre arte y literatura. La obra se enriquece también con numerosas ilustraciones, bastantes de ellas poco conocidas: portadas de primeras ediciones, personajes, textos manuscritos o mecanografiados, dibujos, grabados, estampas, carteles, postales, epístolas, etc., junto con una abundante bibliografía. Dos publicaciones constituyen el trasfondo básico de la investigación, A la pintura. Poema del color y la línea (1945-1948), de Rafael Alberti (quien en los frondosos volúmenes de  La arboleda perdida, ignora a Gaya Nuño) y Picasso (Madrid, Aguilar, 1975), trabajo que el segundo logró finalmente concluir.
Tenemos así un sustancioso estudio sobre “la historia de dos perdedores que lucharon contra aquella ignominia disfrazada  de golpe de estado y que años más tarde, desde la distancia, volverán a acercarse gracias a las páginas de un libro. Ésta es la grandeza de la palabra poética, de la pintura, de la admiración y de la amistad”, adelanta en el prólogo el autor, quien, no obstante, no ocultará los desencuentros (o, por mejor decir, los desdenes de Alberti).

Hilario Jiménez Gómez, Juan Antonio Gaya Nuño y Rafael Alberti, entre la firmeza y el vuelo. Soria, Diputación Provincial, 2016. 
 

martes, 3 de febrero de 2009

Se llamaban Pablo y Federico

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LORCA Y NERUDA, LOS ÚNICOS AMIGOS
DE LA "GENERACIÓN DE LA AMISTAD"
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Hilario Jiménez habla en Peligros (Granada)
sobre la especial amistad de los dos poetas
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Se conocieron en Buenos Aires en octubre del 33 y se despidieron sin saberlo el 11 de julio del 36, cuando Lorca recitó durante una cena en la casa madrileña de Neruda los Sonetos del amor oscuro. No volverían a verse nunca más, porque la vuelta del poeta a Granada fue su final. Pablo Neruda y Federico García Lorca fueron amigos inseparables durante tres años. Quizás, los únicos de la "mal llamada generación de la amistad que fueron realmente amigos".
Hilario Jiménez, de la Universidad de Extremadura, revivió ayer en el Teatro Pablo Neruda de Peligros, el vínculo vital que les unió desde que el granadino y el chileno se conocieron en Argentina. Lorca acudió a Buenos Aires invitado por la actriz Lola Membrives y su marido tras el éxito que obtuvo su compañía con la representación de Bodas de sangre. Entre el entusiasta grupo que le recibió se encontraba Neruda. De esa amistad fortuita nació una relación que se haría mucho más fuerte con el traslado de Neruda a España, tras su nombramiento como cónsul en Barcelona. "Lorca se convertiría en su embajador por el país presentándole a gente y llevándole a los lugares que él conocía".
"Desde entonces", explica Jiménez, "compartieron tertulias, cafés, paseos", y palabras de cariño y admiración mutua. Para Lorca, Neruda era "un poeta lleno de voces misteriosas que afortunadamente él mismo no sabe descifrar". Para Neruda, por Lorca "se pueblan de plumas los ángeles heridos". El poeta chileno cantaba al "Lorca mortuorio, de sangre", hablando de esa situación dura que le acompañaba siempre en su mundo literario pero destacando que era capaz de superarla: "Por ti pintan de azul los hospitales".
"La Generación del 27 es mal llamada la generación de la amistad. No fueron amigos para nada", explica Jiménez. "Por ejemplo, Alberti y García Lorca sólo mantuvieron una relación profesional aunque tampoco se odiaban". Sólo Lorca y Neruda compartieron mucho más que literatura. Lorca llegó a dedicarle un poema a la hija de Neruda, Malva Marina, enferma de hidrocefalia. Neruda fue expulsado del consulado cuando tras la muerte de Lorca se posicionó y defendió la República. Tras la muerte del poeta de Fuente Vaqueros, el chileno comenzaría a escribir sus poemas de España en el corazón, en los que recordaría a aquel amigo y los días felices que vivieron en la madrileña Casa de las Flores.
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(martes, 3 de febrero de 2009)

sábado, 31 de diciembre de 2016

Leyendo a Gaya Nuño y Alberti (1)




Para terminar el año, Manuel Simón Viola me regala en su blog una atenta y lúcida lectura de uno de los libros que he publicado en 2016. ¡Gracias amigo!
 
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GAYA NUÑO Y ALBERTI
Manuel Simón Viola
 
Nacido en Montánchez en 1974, Hilario Jiménez es autor de una notable trayectoria poética, recogida en diversas antologías (Cuatro poetas en un tobogán, 2006; Encuentro en Guadalupe, 2008; Escarcha y fuego, 2010…) y en poemarios como En un triángulo de ausencias (2003), Versos color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), Diario de un abrazo (2008), Hoy es siempre todavía (2012) y De la noche a los espejos (2015). Una amplia muestra de estos títulos ha sido recogida en Antología (im)personal (2015). En 2013, la Editora Regional de Extremadura publicó su diario Exprimiendo limones de madrugada.
Pero Hilario Jiménez, licenciado en Filología Hispánica y profesor de enseñanza media, ha compaginado esta vocación poética con trabajos de investigación y ensayos sobre los poetas del 27 y la poesía española contemporánea en libros como Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (2001, reeditado en 2003) o Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009), ha coordinado el volumen Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2005) y preparado una antología de la obra de Félix Grande, Una grieta por donde entra la nieve (2006).
 
Ahora, la Diputación Provincial de Soria publica Juan Antonio Gaya Nuño y Rafael Alberti, entre la firmeza y el vuelo, un ensayo que reconstruye la relación entre el poeta gaditano y Gaya Nuño, autor de obras de creación, recogidas en los dos volúmenes de Obras completas (2000, en edición de Consolación Baranda), pero ante todo, de una consolidada trayectoria como crítico de arte (El románico en la provincia de Soria, 1946; Historia del Museo del Prado, 1969, Historia de la Crítica de Arte en España, 1975…). Como recuerda Hilario, Gaya Nuño y Alberti se conocieron en Madrid durante la guerra (el escritor soriano, cuyo padre fue fusilado sin juicio previo, se incorporó al Batallón Numancia, en el que llegó a ser oficial. Tras la guerra es condenado a veinte años y un día de prisión) y su trayectoria posterior bien puede ejemplificar la suerte corrida por los dos exilios: el exterior de Rafael y María Teresa (París, Buenos Aires, Roma) y el interior de Gaya Nuño (cárceles, libertad vigilada, peticiones de rehabilitación rechazadas…).
Como recuerda la esposa de Gaya, Concha de Marco, ambos escritores se encontraron en París en octubre de 1963 y a partir de entonces mantendrían una relación epistolar, pero el único proyecto conjunto en que pensaron colaborar, una edición de A la pintura (Buenos Aires, Losada, 1948, por entonces agotado), preparada por Gaya que publicaría Aguilar se frustró finalmente.
Como en anteriores trabajos de Hilario Jiménez, nos encontramos ante una edición muy cuidada, pormenorizadamente anotada y con numeroso material gráfico (cartas, una diario inédito, postales, fotografías, volúmenes dedicados, dibujos…) procedentes de la Fundación Rafael Alberti (El Puerto de Santa María) y del Centro Cultural Gaya Nuño (Caja España-Duero, Soria), que viene contribuir a un mejor conocimiento del panorama cultural español durante un extenso tramo, tan rico como convulso, del pasado siglo.
 



jueves, 3 de diciembre de 2009

Mi nuevo libro sobre Alberti y García Lorca

Acaba de llegar desde Sevilla, de la Editorial Renacimiento. Otra vez las puertas de esta casa se abren para un libro mío, con la generosidad renovada de Abelardo Linares y con el afecto y la profesionalidad de Pedro y Bárbara.
Alberti y García Lorca, la difícil compañía (Sevilla, Editorial Renacimiento, colección Iluminaciones, 2009) ha quedado francamente precioso. Todo cuidado con mucho mimo: fotografías, dibujos, facsímiles,... El título es de mi querido y admirado Luis García Montero, del magnífico prólogo que ha escrito y que resume a la perfección aquel rico contexto histórico y literario donde nacieron y se movieron los dos protagonistas:
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Federico García Lorca y Rafael Alberti no fueron enemigos. Nada más y nada menos. Creo que ésta es la conclusión que debe valorarse a la luz de los datos que hoy disponemos, gracias a las noticias biográficas, a los diferentes estudios realizados sobre los epistolarios de la generación del 27 y a este cuidadoso libro de Hilario Jiménez Gómez, un libro necesario, clarificador, que ha reunido por primera vez la documentación pertinente, interpretando con admiración, pero con objetividad, las relaciones vitales y literarias de los dos poetas.
[...] Un libro que ordena este panorama ideológico y plantea las cosas en su lugar. Nunca hubo una amistad estrecha entre García Lorca y Alberti, pero sí respeto mutuo y conciencia de intereses estéticos y humanos compartidos. Fueron dos poetas nobles, con ellos mismos y entre sí, y los dos procuraron que la rivalidad de las situaciones literarias no se convirtiera en hostilidad manifiesta. Nada más y nada menos.
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Estoy muy contento, emocionado, y nuevamente agradezco de corazón a todos los que han dado alas a estas páginas para que vayan a la busca de lectores.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Marilyn Monroe, Alberti y García Lorca


Anda!! Marilyn Monroe leía poemas de Alberti y de García Lorca. ¿No decían aquello de las rubias tontas?

http://www.lavozdigital.es/cultura/libros/201411/06/alberti-sedujo-marylin-20141104112549-pr.HTML

lunes, 16 de febrero de 2015

Fotos mentirosas

Acabo de comprar con mucho interés un libro que descubre nuevos datos biográficos sobre Federico García Lorca (increíble que su vida siga siendo fuente inagotable). El libro en cuestión se titula Rosas de Plomo (Ed. Stella Maris, 2015) del profesor Jesús Cotta, y en sus páginas se aborda la llamativa y sorprendente amistad que surgió entre el granadino y José Antonio Primo de Rivera. La curiosidad y la polémica -creo- están servidas a partes iguales.
He revisado muy por encima sus páginas (casi 400) y todavía no puedo contar mucho. Pero mi decepción ha sido grande cuando me he detenido en el cuadernillo fotográfico del libro. En la segunda foto que se reproduce se anota que Federico lee unos versos en una tertulia literaria madrileña:


Esta foto es muy conocida; y no se trata de ninguna tertulia. Federico García Lorca está leyendo unas palabras en el banquete-homenaje al matrimonio compuesto por Rafael Alberti y María Teresa León, en Madrid el 9 de febrero de 1936, porque acaban de regresar a España después de casi dos años por Europa y América.
El segundo error que he detectado (de momento) es más grave. Para argumentar con imágenes la homosexualidad de García Lorca se han seleccionado algunas fotos del poeta con Emilio Aladrén, Luis Cernuda y Salvador Dalí. Con este último Lorca aparece en una fotografía falsa, donde se ha realizado un burdo montaje:



Es verdaderamente escandaloso. ¿Qué necesidad hay? Existen muchas fotografías de los dos juntos aunque, claro está, ninguna con esta pose tan ridícula. Dalí sólo abrazaba así a su Gala.

No está bien que en lo que pretende ser una investigación seria se intenten colar imágenes con explicaciones erróneas o fotografías manipuladas que podrían pasar por verdaderas, engañando vilmente al lector; es que incluso pueden llegar a reproducirse como ciertas en otros lugares. 
Mucho cuidado porque estos detalles pueden derrumbar por completo la seriedad de unas páginas que ahora sí que habrá que leer con pies de plomo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Simón Viola, Alberti y Lorca

El profesor Manuel Simón Viola ha escrito en su blog impresiones cortas pero acertadas sobre mi libro Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009). Notas de lector atento y curioso que ponen el ojo en puntos de indudable interés replanteando una polémica que no cicatriza. Gracias amigo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Sobre poetas y tumbas

No sé, pero esta tarde me apetecía nuevamente perderme por las tristes páginas de un libro muy especial: Tumbas de poetas y pensadores, lo último de Cees Nooteboom publicado por Siruela a finales del año pasado e ilustrado con delicadas fotografías en blanco y negro realizadas por su mujer Simone Sassen. Nooteboom ha viajado por todo el mundo en busca de sus "muertos amados", de las tumbas donde reposan, donde descansa su inmortalidad. El libro, de gran formato, tiene hermosas reflexiones personales y textos de los propios homenajeados. De los ochenta y tres escritores visitados en su última morada, sólo dos son españoles y seis hispanos: Cervantes y Antonio Machado, y Bioy Casares, Borges, Elías Canetti, Cortázar, Neruda y César Vallejo.

Parece macabro, pero este tema me interesa desde hace ya algunos años. Hay una página en internet que ya conocía y que visito con frecuencia en busca de algo tan contradictorio como una tumba, tan vacía y tan llena a la vez. Moradas de poetas que siguen hablando, que se repiten, que conversan contigo. Alguien que seguramente no hemos conocido pero que irracionalmente sus voces resuenan en nosotros.

No sé qué ha movido al autor de este paseo melancólico hacia algunas tumbas, dejando sin visitar muchas otras. Entre nuestros genios muertos, añoro en estas páginas a dos de los grandes: Federico García Lorca y Rafael Alberti. Copiando la idea y el diseño del libro, a continuación añado las tumbas de ambos. Es mi homenaje de admiración y respeto, conversaciones al fin y al cabo...
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Federico García Lorca
1898-1936
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Una fosa común, de madrugada, muriendo como un perro. No está solo; le acompañan el odio, la envidia, la xenofobia y la violencia extrema. Sus asesinos no pueden mirarle a la cara. Él tampoco. La oscuridad total hace que la luna ni siquiera tenga el valor de iluminar a unos tristes olivos. De fondo, el agua llorosa de una vieja fuente. Tiros acompasados por un eco terrible. Más tiros, quizá menores, que rematan un trabajo desgraciado.
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Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.
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Se cierran los ojos, y la tierra que le vio nacer le ahoga para siempre bajo una capa espesa de resentimientos y culpas. Y tras las huellas de sangre, la voz de Bernarda Alba en sus conciencias: "Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! Nos hundiremos en un mar de luto. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!"...
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Barranco de Víznar, Granada 2005
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Rafael Alberti
1902-1999
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Se fue para siempre el poeta de los mil vientos. Y se fue mirando al mar, de frente. Tanto sufrir para ser todo al final. Años de regresos y encuentros, de viajes y casas construidas con maderas viejas y paredes blancas y azules. Una memoria llena de melancolías y unos versos regalados con mano abierta. Palomas multicolor revoloteando curiosas por páginas y rotuladores, barcos que bailan con las olas, peces eróticos que tontean con toros y ángeles.
Coronado con un golpe de mar y largos cabellos blancos peinados por las olas del Puerto de Santa María. Ora Marítima como última morada y descanso eterno disfrazado de cenizas que duermen en el sexo varado de alguna sirena. Testamentos no deseados y cumplidos, lágrimas que se confunden con la sal y las calientes arenas. Y "El Vaporcito" que me lleva a ti, más que nunca, todavía.
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Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
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Llevadla al nivel del mar
y nombardla capitana
de un blanco bajel de guerra.
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¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
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Bahía de Cádiz, El Puerto de Santa María 2000

domingo, 6 de octubre de 2013

Pecellín y mis limones


Manolo Pecellín ha probado mi zumo de limón y escribe sobre mi libro en la página de la Real Academia de Extremadura. Gracias, querido amigo. Aquí reproduzco sus palabras...
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Hilario Jiménez Gómez (Montánchez 1974) es Licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua castellana y literatura. Ha publicado diversos artículos y ensayos, entre los que destacan Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (2001 y 2003), la coordinación del volumen Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2005), la edición de una amplia selección poética de Félix Grande titulada Una grieta por donde entra la nieve (2006) y Alberti y García Lorca, la difícil compañía (2009). Es también autor de los poemarios En un triángulo de ausencias (2003), Versos color naranja (2003), Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), Diario de un abrazo (2008), Hoy es siempre todavía (2012) y De la noche a los espejos (en prensa). Versos suyos han aparecido además en revistas literarias y libros colectivos como Cuatro poetas en un tobogán (2006), Encuentro en Guadalupe (2008), Corazón de casa (2009) o Escarcha y fuego (2010). 

El 20 de junio de 2006 inauguraba el blog "Ausencias", que, según sus declaraciones, ha recibido ya casi 300.000 visitas. Ahí está origen de este libro, donde pasan a papel las entradas con las que más se reconoce. Son las suyas apuntes de carácter más íntimo que científico o literario, aunque no falten reflexiones sobre algún escritor u obra determinada, ni poemas propios más o menos coyunturales. Sin duda, son los amigos y sus trabajos lo que más le interesa. "Sin la lluvia de nombres propios que conforman mi vida -escribe-, diseminados por estas páginas, el zumo de limón que te dispones a probar pecaría ciertamente de puro exhibicionismo". Son pocos los autores y artistas extremeños que no aparecen en el libro, amén de otros muchos foráneos, todos bondadosamente tratados por alguien que, sin ser en absoluto un ingenuo, hace gala de bonhomía y caballerosidad. Aparece como el primer volumen de la remozada colección "Vincapervinca", feliz hito de las letras regionales. 

Manuel Pecellín Lancharro

- Hilario Jiménez Gómez, Exprimiendo limones de madrugada. Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2013 (256 págs).

domingo, 2 de marzo de 2008

En España con Federico y María Teresa

Fin de semana lorquiano en mis lecturas; y también albertiano (¿Habrá alguno que no?). Me llegan desde Sevilla, de la mano amistosa y llena de afecto de Abelardo Linares e Isabel García Mesa, dos libros magníficos.
Crónica General de la Guerra Civil es una antología de artículos de prensa recopilada por María Teresa León (deliciosa escritora y primera mujer de Rafael Alberti). Reproduce en facsímil la publicada por Ediciones de la Alianza de Intelectuales Antifascistas de 1937, textos que escribieron aquellos compañeros de ideales inabarcables que recogen sus crónicas, sus reflexiones y las vicisitudes por las que estaban pasando. Una compilación de experiencias tristes, sueños derrotados, hilvanados delicadamente por la mano (a veces dura, a veces melancólica) de María Teresa. Podría considerarse sin duda un libro suyo.
En España con Federico García Lorca (Páginas de un diario íntimo, 1928-1936) recoge precisamente las anotaciones y reflexiones personales del Diario de Carlos Morla Lynch, diplomático chileno en la embajada de su país en Madrid durante estos años. En su casa llegó a reunirse lo mejor de la literatura española de la época y sus tertulias fueron famosísimas y muy concurridas. Memoria de un testigo de excepción, íntimo amigo de Federico García Lorca, con pasajes que aclaran muchas cosas y confesiones que te emocionan en cada lectura. Este Diario ya fue publicado en dos ocasiones en los años 50, censurado por la dictadura franquista; ahora vuelve por fin con sus heridas curadas y sus palabras reconstruidas, enriquecido además con un álbum personal de fotografías, el epistolario que le escribió Lorca en facsímil (con alguna carta inédita) y un luminoso prólogo de Sergio Macías Brevis. El libro aún no está a la venta, pero me dicen que en pocos días llegará a las librerías. Nunca habrás leído algo igual... Impresionante.
La memoria más dolorosamente recobrada por dos personas que vivieron en primera fila uno de nuestros episodios más inhumanos. Se necesita coraje para escribir estos libros pero también para leerlos. Aunque hayan pasado setenta y tantos años y el dolor y la tristeza continúen tan vivos en ellos, en sus páginas.

viernes, 27 de marzo de 2009

Ricard Salvat en la memoria

Hoy (eso dicen) es el Día Internacional del Teatro.... Y mis ausencias me llevan a recordar a un hombre hecho de pura materia teatral, Ricard Salvat, que tristemente fallecía el pasado día 24 de marzo con 74 años.
Catalán de Tortosa (1934-2009), profesor en la Universidad de Barcelona, prolífico ensayista, autor de numerosas adaptaciones y brillante director teatral fue el que introdujo en nuestro país el teatro de Bertolt Brecht; además creó en los años 60 en Barcelona la mítica Escuela Adrià Gual, que ha contribuido a promover la dramaturgia catalana y en la que se han formado generaciones de actores. A pesar de sus méritos, Salvat siempre se sintió "maltratado" por los políticos catalanes, reconocimiento que sí ha tenido en el extranjero.
La primera persona que me habló de él fue mi maestro Gregorio Torres Nebrera. Muchas obras de Alberti y García Lorca habían pasado por sus ojos para subir a los teatros de este país. Recuerdo muy bien que el nombre de Salvat fue uno de los que barajamos desde el principio cuando Gregorio y yo organizamos juntos en Cáceres el Congreso Internacional "Rafael y María Teresa: en el centenario de los Alberti" en 2003, con el que pretendimos celebrar la vida y la obra de estos dos genios que la vida unió en matrimonio. Ricard Salvat nos deslumbró a todos con su ponencia, un recorrido detallado de creación, censuras y adaptaciones sobre la dramaturgia del gaditano. En los últimos años subió a escena su séptima versión sobre Noche de guerra en el Museo del Prado y actualmente desarrollaba en Seix Barral la labor editorial de dar cuerpo (dentro de las desgraciadas Obras Completas albertianas) a los volúmenes correspondientes al teatro. Recuerdo agradecido las mañanas tranquilas que pasamos durante los días del congreso cacereño, sobre todo ese desayuno lento, nutrido de memorias y críticas veladas que me confesó entre dolido y descargado.
La prensa se ha hecho eco casi con disimulo de su pérdida. Qué pena que sigamos dejando en el camino a gente tan valiosa y con tanta magia... Para él desde aquí mi afecto y mi recuerdo.

jueves, 25 de marzo de 2010

Libros desde Murcia

Ayer pude ir a recoger a Correos el paquete de libros que desde hace días me ha hecho llegar mi querido amigo Francisco Javier Díez de Revenga; este gran profesor de la Universidad de Murcia al que admiro y que es seguramente (y no exagero) el mayor especialista en la Generación del 27. Cuatro libros, entre nuevos y antiguos, componen el preciado regalo: tres sobre Miguel Hernández y uno del grupo poético del 27.
El teatro de Miguel Hernández (1981) es un excelente trabajo sobre la dramaturgia del alicantino, el primer estudio exhaustivo y prácticamente definitivo que firman en común Díez de Revenga y Mariano de Paco (ambos, muy afectuosamente, me dedican el ejemplar). El lenguaje poético y el lenguaje dramático del de Orihuela analizado desde el triple prisma del auto sacramental, el teatro social y el teatro de guerra.
Miguel Hernández. Antología poética es el segundo regalo, cuya edición, selección, introducción y notas corren a cargo de Revenga; apareció en 1999 publicado por la Diputación de Valencia y la Fundación Cultural Miguel Hernández y ofrece una antología amplia y bien representativa de la obra en verso del poeta. Muy recomendable.
Antología poética de la Generación del 27 es un interesante libro que coeditaron la Junta de Andalucía y el Centro Cultural del 27 con motivo del ochenta aniversario en 2007 del homenaje a Góngora, acta fundacional del importante grupo poético. El estudio preliminar del volumen se convierte en indispensable y la selección de textos y autores muy acertada, incluyendo en la nómina de poetas (además de los diez oficiales) a Juan Larrea, Rafael Laffón, Juan José Domenchina, Concha Méndez, Juan Chabás, Pedro Garfias, José María Hinojosa y Ernestina de Champourcin.
Un cósmico temblor de escalofríos. Estudios sobre Miguel Hernández es el cuarto y último libro del envío, formidable edición al cuidado de Díez de Revenga y Mariano de Paco. Acaba de salir recientísimamente (creo que se presentaba en estos días) con el sello de la Fundación Caja Murcia, donde ambos profesores y la Universidad de Murcia han publicado ya en esta misma colección libros anteriores dedicados monográficamente a Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, García Lorca, Dámaso Alonso, Antonio Buero Vallejo, Cernuda, Alberti o Juan Ramón Jiménez. En esta ocasión Un cósmico temblor de escalofríos recoge en sus páginas las ponencias que se impartieron en un curso internacional celebrado en Murcia en octubre de 2009, adelantándose inteligentemente a las celebraciones del centenario de Miguel Hernández. Diecinueve artículos firmados por un elenco de especialistas y profesores de primer orden; un libro ya imprescindible en la bibliografía hernandiana.
Este tipo de amistades le salen a uno rentables por el afecto verdadero y compartido sobre todo, pero también por las dimensiones intelectuales y artísticas que indudablemente se terminan adquiriendo. En la humildad y la sabiduría a partes iguales radica el auténtico tesoro de esta moraleja. Muchas gracias, amigo Javier. Por tantas cosas...

jueves, 19 de julio de 2007

NERUDA siempre

Hoy en El Cultural aparece reseñado Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento, un libro colectivo que coordiné e imaginé con fotos, textos manuscritos y dibujos de Neruda. Resume (junto con colaboraciones anexas) parte del congreso que dirigimos en Cáceres en el centenario del poeta chileno en 2004 la Diputación de Cáceres, la Universidad de Extremadura y la Fundación Pablo Neruda de Chile.
El gran Antonio Colinas (poeta y amigo) ha sido el encargado de hablar de él en las páginas culturales. Hace un repaso emocionado de su largo contenido. Un libro que yo quería que estuviese dividido en dos partes: la científica y filológica (con artículos varios que estudiaban al detalle la vida y la obra de Neruda) y el homenaje literario de algunos de los poetas actuales que más cercanos siento. En sus páginas se unen las firmas de cuarenta profesores, artistas y poetas: Aitana Alberti, Álvaro Salvador, Álvaro Valverde, Ángel Campos Pámpano, Ángel Sotomayor, Antonio Colinas, Antonio Lorente, Antonio Reseco, Basilio Sánchez, Benjamín Prado, Daniel Casado, Eladio Mateos, Fanny Rubio, Félix Grande, Francis Acedo, Francisco Javier Díez de Revenga, Gonzalo Rojas, Hilario Jiménez, Jaime Siles, Javier Pérez Walias, Javier Rodríguez Marcos, Joaquín Marco, Jorge Riechmann, Jorge Urrutia, José Luis Ferris, José María Cumbreño, Juan de Loxa, Juan Manuel Barrado, Juan Manuel García Ramos, Julio Neira, Luis Antonio de Villena, Luis García Montero, Luis Íñigo-Madrigal, Manuel Ramos Ortega, Miguel García-Posada, Nicanor Vélez, Santos Domínguez, Saúl Yurkievich, Serafín Portillo y Teodosio Fernández. Y este fue el resultado...
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"Bien está que se vuelvan desde España los ojos hacia la obra de un poeta que es difícil comparar con cualquier otro y que es el artífice de la más fértil retórica. Ahora, gracias al entusiasmo de Hilario Jiménez Gómez, se nos ofrece este colmado volumen que es el mejor fruto que nos queda de ese año nerudiano que fue el de 2004, que en Cáceres se celebró con el congreso-homenaje “Pablo Neruda: cien años de poesía y una canción desesperada”. Es precisamente Saúl Yurkievich el que abre las colaboraciones de este volumen [...]. Vienen luego una serie de ensayos y artículos que, minuciosa y cronológicamente, van analizando las obras de Neruda, bien en una visión de conjunto, bien en etapas claves de la misma, o en temas centrales como Neruda y España, Neruda y Lorca, el compromiso y las influencias, o el amor [...]. La mayoría de los textos responden a un análisis riguroso y preciso. No faltan tampoco en el libro las colaboraciones de escritores, los cuales nos ofrecen sus semblanzas del poeta o la influencia que la lectura de sus obras ha dejado en ellos; también en algunos casos, páginas de homenaje a través de poemas.
De vez en cuando, el grueso e inconfundible rotulador verde del propio Neruda invade las páginas para refrescarnos la lectura con versos, prosas, o simples recordatorios que proporcionan -con su fuerte trazo, a la ya de por sí bella edición-, un plus de calidad, de recuerdo emocionado gracias a la palabra-verde del poeta. Fotografías y dibujos, una muy cuidada cronología final, completan este libro que se hacía necesario entre nosotros [...].
La obra de Neruda sigue irisándose y enriqueciéndose en cada lectura. Ahora se fundamenta aún más con las valiosas aportaciones de esta obra colectiva." (Antonio Colinas).
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lunes, 18 de noviembre de 2013

Hilario Barrero y mis limones

 
Desde Nueva York, Hilario Barrero escribe en su blog sobre mis limones; y además añade una lectura de mi primer poemario En un triángulo de ausencias. El primer libro y el último (2003-2013) visto desde los ojos de la amistad y la poesía, desde la distancia más cercana. Gracias tocayo; aquí apunto tus reflexiones...
 
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LA CHISPA DE LA VIDA: EXPRIMIENDO LIMONES DE MADRUGADA
 
Me llega, en este otoño frío y gris, un doble regalo: “En un triángulo de ausencias” y “Exprimiendo limones de madrugada”. 
Los dos títulos son de mi tocayo y amigo Hilario Jiménez Gómez. El primero es un libro de poemas, publicado en 2003 en la Colección abeZetario, que dirige Teófilo González Porras. Comparto colección. “En un triángulo de ausencias” es un libro que camina entre el espejo y el reflejo, en el que nos encontramos sumergidos entre el musgo de la soledad y el mudo sonido de las sombras. Sobre todo nos sentimos envueltos en  la mayoría de los poemas por un fuego purificador y misterioso, abrazados por la fugacidad del hombre. El libro está  ilustrado con unos preciosos dibujos de Eduardo Naranjo que iluminan los poemas y les dan un ámbito más amplio y acogedor.
Del último poema del libro, que lleva el conocido y celebrado verso de Pavese, “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, copio la última estrofa de cierre: Un rostro vacío que llora.
 
Tengo delante por fin tus ojos
pero abajo
en la distancia
distingo un rostro vacío
que llora mi despedida
ya para siempre.                                 
 
El segundo libro es “una selección personal de algunas reflexiones” que escribe en internet, en un blog titulado “Ausencias” y está pulcramente editado por la Editora Regional de Extremadura.
Un libro que tiene una portada que al verla se le hace a uno la boca agua, como luego, al adentrarse en el jugo agridulce del libro se le encenderá al lector la mirada con el perfume de la prosa de Hilario Jiménez. El libro es a primera vista un diario pero también es un libro de ideas hondas y profundas reflexiones y, claro, a lo largo del libro está presente la mirada del poeta con poemas que generalmente cierran algunas de las entradas. No hay que echar de menos la prosa poética llena de cotidianidad y frescura.
“Exprimiendo limones de madrugada” es un libro perfumado de opiniones literarias, homenajes a escritores, pintores, personas queridas del autor. Retratos de la madre haciendo bolillos o una visita al poeta Álvaro Valverde. Un recuerdo a Alberti y a Lorca, dos poetas santos de la devoción de Hilario Jiménez. Y, ¡ay!, una incondicional y total admiración al poeta García Montero. (Hay amores que matan). También hay lamentos de la entrega diaria al trabajo, en ocasiones arduo y penoso, de la vida académica.
Un libro de lectura amable, refrescante, jugosa, a veces agria, a veces agridulce, a veces amarga. Un libro para leerlo solo o con hielo, con azúcar o sin ella, a sorbos o con pajita. Un libro que, lo tomes como lo tomes, apagará tu sed.