
Muchos recuerdos, complicidades y conversaciones hermosas, pero lo mejor de este viaje una anécdota que para evitar olvidarla pronto (no creo que eso pase) quiero reproducirla aquí...
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Entramos en la casa-museo en Guijo. Las cuatro de la tarde, mucha calor y los alumnos casi arrastrados por la obligación y mis exigencias. El guía va comentando nada más entrar distintos aspectos biográficos de Gabriel y Galán que me consta mis alumnos conocían:
- El poeta tuvo tres hijos (explica el guía) y una hija más que nació póstuma.
- ¿Qué es eso? (pregunta un alumno)
- ¿No lo sabe nadie?
- Sí, hombre (contesta otro alumno), que nació con algún retraso.
(Risas)
- Anda ya; eso no (afirma convencido un tercer alumno). Que no podía mover la piernas.
(Risas, risas, risas)
- No. Es mucho más sencillo (comenta el guía); tuvo una hija después de muerto...
Y al fondo el grito desesperado, con las manos metidas en la boca y los ojos como platos de uno de mis alumnos, obsesionado con los fantasmas y la vida más allá de la muerte. El resto, entre asombrado y atento, materializa en aquel lugar sombrío la magia de la poesía.