
Corría el año 1988 cuando ese terrible incendio que arrasó la capital portuguesa motivó a la Institución Cultural "El Brocense" a recopilar los cuatro únicos poemas que Fernando Pessoa había escrito a Lisboa; los publicaron en edición bilingüe con un prólogo sentimental de José Saramago, ilustrando cada texto un dibujo de Narbón (más la portada y el cierre). Lisboa en el corazón de Pessoa es uno de esos libros especiales, homenaje de formato grande y tirada corta difícil de encontrar.
Y ahora están aquí, frente a mí, juntos, dos de los dibujos (tercer poema y cierre) de la tirada. Abro el libro y leo el poema de Pessoa en voz alta, con lentitud... Conocí ligeramente a Narbón en los últimos años, un hombre sencillo, generoso, de mirada clara, orgulloso de esa tierra extremeña que le acogió y le prestó sus paisajes y sus gentes, sus tonalidades, sus olores. Esa mirada limpia metamorfoseada en líneas rápidas pero certeras es la que vuelve a acompañarme, en soledad, veinte años después de que fueran dibujadas para un puñado de versos. El tiempo ciertamente no ha vencido a la vida.