domingo, 26 de noviembre de 2006

Marcando límites

Me pasa igual que a mi amigo Daniel; hay veces que me cuesta mantener al día esta especie de diario abierto al que llamamos blog, y otras me invade un torrente de palabras que me urge escribir aquí.
¿Será cierto eso que dicen que nos baña cierta prepotencia a la gente que escribimos para los demás? ¿que nos gusta hablar mucho de nosotros mismos? ¿que esto es simplemente un signo más que demuestra cierta soledad, cierta incomplacencia? ¿Pérdida de tiempo? ¿Lástima?
No sé; muchas veces me siento ajeno a lo que me rodea pero acaba afectándome. Y yo me pregunto: ¿por qué tenemos ese afán destructor de ver en los demás nuestras propias limitaciones? Si es que el hombre es imperfecto, pero hay algunos que todavía no son conscientes de que todos tarde o temprano nos quitamos las máscaras y acabamos de fango hasta las rodillas... excepto los que somos transparentes y no tenemos más vida interior que la de nuestras propias palabras.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Momentos de felicidad

a Belén y Javi, mis duendes
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Pasa la tarde de un lado para otro, llega la noche y con ella la tormenta. Compra con tranquilidad y cena cargada de pollo picante, gambas y chocolate. Risas, abrazos, conversaciones. Amigos recién inaugurados. Temas intrascendentes y reflexiones sobre la vida y el mundo entre copas sin cafeína.
Llega la madrugada arropándonos de sueño. Duermo sonriendo, plácidamente... ¿Por qué la gente necesita tanto para ser feliz?

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Mariposa de sueño

Qué joven me siento en muchas de las celebraciones diarias de mi vida; y sin embargo, en otras, qué viejo...
Mientras releo la poesía de Neruda con la tímida luz natural que me regalaban las nubes esta mañana, observo melancólico cómo a mi lado una pequeña mariposa revolotea alrededor de los cristales. Y me da por envidiar los colores amarillos, verdes y pistachos de sus alas, su frescura de movimiento, su ligereza, su aislamiento de lo cruel.
Y allí unas manos frías, una sonrisa amplia, sonora, una compañía ya casi necesaria, una conversación, han logrado por un momento abrir esta ventana y dejarme volar, feliz, sin rumbo ni hora, hasta hacerse de noche.

Bécquer y la soledad

Mis alumnos y alumnas de 2º de bachillerato en Valencia de Alcántara están disfrutando con la lectura de los poemas de Bécquer; sí, disfrutando de este jovencísimo (aún hoy) autor desdichado que cantaba a la poesía, al amor y al desamor, a la soledad y a la desesperación (siempre en este orden).
Y esta tarde a mí se me antoja ver en este romántico trasnochado a un adolescente que asciende ilusionado por las escaleras de un luminoso tobogán, que enamorado de la poesía sube con su alma en la boca a lo alto para respirar hondo y disfrutar del amor y del paisaje. Luego, algo decepcionado, sucumbe a la dureza de la vida y termina sentándose; parece que llega la hora de contemplar el mundo tranquilo, sosegado. El amor pleno ya no estará a nuestro lado y algo acabado, triste, incompleto, se deja resbalar con un leve impulso y pone definitivamente mortal sus pies cansados en una tierra seca y poco fértil.
Qué pena que el jolgorio adolescente, la alegría inusitada y la celebración poética acaben siempre en la más absoluta soledad... En una soledad hoy felizmente multiplicada por cuatro.

sábado, 18 de noviembre de 2006

A modo de poética

para Antonio y Dani, y también para Chema
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13, 13:13, 13. Al lado una chaqueta de pana que simulaba un poeta y de fondo, horrible, la voz de Paul McCartney que todavía dicen que canta. Casi no podía escucharles pero imaginaba sus conversaciones. El paisaje me invitaba a la sugestión. Todo parecía meticulosamente planeado. Parada obligatoria para comer y como lectores en paro, entre pasta y pollo, aventurar nuestras miradas poéticas. Eché de menos a la poesía; se nos olvidó en el baño.
Llegada al hotel. La gran ciudad ya casi sin luz (noche o polución, daba igual). Y mucho frío. Como un hormiga que todo teme, bajo los pies de un gran edificio y solo, rodeado de libros, una escalinata nos engullía hacia su cerebro. Una cafetería con desnudos femeninos que nos recibían insinuantes. Una sala llena de ojos asombrados, y de ángeles, santiagos, (h)adas y una hermosa niña pequeña que oye poesía por vez primera y que seguramente su madre nunca dejara que lo olvide. Emoción, afecto y muchos amigos. Sólo dos sillas vacías.
La noche, llena de gatos perdidos por callejones, de ruedas de madera antigua, de escritores marcados por la desgracia, de golondrinas muertas que caen tristemente al asfalto. Bares plagados de desconsuelo, de libros rodeados de humo en las vitrinas, de animales hermosos pero disecados, de risas explosivas y erotismos encendidos y apagados. Y de fondo Blues, amigos desconocidos y fotografías desenfocadas, oscurecidas.
Madrugamos. Lentamente esta mañana Madrid nos despide lloviendo. Siempre nos quedará Rod Stewart... ¿Por qué algún día despertar de este sueño?

viernes, 17 de noviembre de 2006

Paraíso perdido

Hoy viernes, a las 8 de la tarde, el Círculo de Bellas Artes de Madrid instala en una de sus salas este loco tobogán en el que cuatro poetas se paran a mirar el mundo. ¡Qué vértigo me dan a mí estas cosas! Casi tanto como la propia vida o el mismo tobogán...
Qué haríamos nosotros si no arriesgásemos en nuestras tentaciones, no nos aferráramos fuertemente a la barra metálica de cualquier tobogán y cómodamente sentados no nos impulsáramos a bajar dulcemente hacia la realidad del mundo, que siempre espera abajo y nunca arriba (no nos equivoquemos).
Amigos, la vida misma...

miércoles, 15 de noviembre de 2006

...lo sabe

No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
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Óxido, fermento, tierra estremecida.
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¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
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(FGL)

Quien lo probó...

¡Ay, qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
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Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.
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(FGL)

lunes, 13 de noviembre de 2006

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi

Me llegó hace algunos días el envío cariñoso de las Poesías completas de Luis García Montero, que reúne veinticinco años de versos cargados de experiencias (1980-2005). Qué satisfacción más plena sostener en una sola mano tantas lecturas ahora abrazadas...
Y digo yo: ¿Por qué siguen los ataques? ¿Por qué no se han superado aún las mierdas guerrilleras? ¿Por qué la pobreza poética de los ochenta todavía insiste en denostar las lavadoras, los bares y los coches? Años después (el tiempo pone a cada uno en su sitio) comienzan ahora a bombardear las columnas periodísticas, la libertad de expresión, las verdades como puños... ¡Ay! si la envidia fuera tiña. Siempre vivió la mediocridad.
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Recuerda que tú existes tan sólo en este libro,
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agradece tu vida a mis fantasmas,
a la pasión que pongo en cada verso
por recordar el aire que respiras,
la ropa que te pones y me quitas,
los taxis en que viajas cada noche,
sirena y corazón de los taxistas,
las copas que compartes por los bares
con las gentes que viven en sus barras.
Recuerda que yo espero al otro lado
de los tranvías cuando llegas tarde,
que, centinela incómodo, el teléfono
se convierte en un huésped sin noticias,
que hay un rumor vacío de ascensores
querellándose solos, convocando
mientras suben o bajan tu nostalgia.
Recuerda que mi reino son las dudas
de esta ciudad con prisa solamente,
y que la libertad, cisne terrible,
no es el ave nocturna de los sueños,
sí la complicidad, su mantenerse
herida por el sable que nos hace
sabernos personajes literarios,
mentiras de verdad, verdades de mentira.
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Recuerda que yo existo porque existe este libro,
que puedo suicidarnos con romper una página.
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Gracias, poeta y amigo. Maestro de diarios, de flores y serpientes. De intimidades, jardines y días de la semana totalmente abiertos. Te espero siempre, ya sabes, en aquella habitación junto a la cocina, entre cajas y juegos de baile, bajo tu irrepetible luna del sur.

¿Fuera o dentro?

Hoy en clase, releyendo con mis alumnos de bachillerato un texto apasionante de Larra ("El día de Difuntos de 1836"), reflexiono sobre la maravillosa capacidad intemporal de la literatura. Hace años que este desesperado y vilipendiado periodista escribía a punto de suicidarse que se sentía aterrorizado rodeado de vivos; sí, de vivos. Medita el pobre Larra de cómo la ciudad de Madrid, el día 2 de noviembre, va al cementerio a ver a sus difuntos; y en un esperpéntico y revelador párrafo advierte:
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"Vamos claros, dije yo para mí, ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio".
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Lo llevamos claro, digo yo también para mí. Los vivos siguen siendo más numerosos y peligrosos y dañinos y envidiosos que los muertos. Vaya cementerio que está creciendo entre nosotros (y donde dice Madrid que cada uno ponga lo que quiera). ¿Será posible que cuando Dan O'Bannon rodó "El regreso de los muertos vivientes" pensara en alguno de nosotros? Cada vez estoy más convencido de que la vida es un ciclo cerrado por el que deambulan gentes sin ningún tipo de escrúpulos (hasta de morir viviendo, y no al revés), y que afortunadamente ni Larra ni O'Bannon hablaban de mí. Quizá, querido lector, querida lectora, de ti tampoco; aún estamos a tiempo. Mientras haya vida... (lo terrible es que para algunos es eterna).

martes, 31 de octubre de 2006

La inmortalidad

Llevo ya varios días pensando en lo injusto de la muerte. Un viejo poeta me comentó en uno de nuestros últimos encuentros en su casa de El Puerto que sólo nos damos cuenta de que nos hacemos mayores conforme nos rodeamos de muertos; cuantas más personas hayan muerto a nuestro alrededor más años hemos navegado.
Siempre me ha acompañado esta dura impresión de la vida. No se podría entender la vida sin la muerte, y viceversa. También afirma Umbral que la muerte no existe porque cuando tú te has muerto ya te has ido; la muerte existe para los demás, para los que se quedan aquí.
No sé por qué pero me gusta abrazarme a la idea de que la vida no es más que un forjarse como persona, que nadie puede arrebatarnos las experiencias, los sueños y las realidades, las satisfacciones y los pesares, los besos, las sonrisas, la memoria, el amor... Y con eso me quedo, sólo con eso, como un eco de campana de pueblo que marca cada tarde la llegada de lo oscuro, de final de la jornada, de crepúsculo que ya baja el telón irremediablemente hasta el día siguiente.
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La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.
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No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
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(Luis García Montero)

lunes, 16 de octubre de 2006

Silencio roto

a Ángeles Mayorga, in memoriam
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Acaban de darme la noticia. Hace un rato. Muy poco. Las letras de tu nombre retumban por todas las esquinas de mi casa. Y a mí se me hace una eternidad pensar que ya nunca oiré tu voz, que no existirán nuestras largas conversaciones. No sé por qué el destino vuelve a repartir desierto cerca de mi boca y mis ojos vuelan de nuevo al infinito...
He llegado tarde a tu casa. Siempre tarde. Ya te has ido. En tu viejo sillón encuentro entre los pinceles una nota que lleva mi nombre: "El futuro se acerca lento, pero viene".
Siempre estarás en mí, Ángeles. Cuántas cosas que decirte y cuántos abrazos que ya no encontrarán tu complacencia. Ya sé que mañana, cuando me levante, no me apetecerá vivir un día sin saber que tú estás ahí. Nada será igual.
¿Por qué la vida arrebata de tu lado lo que más necesitas? Con tus alas, eternamente, caminaré sin duda hacia la luz. Con tus colores y tus confidencias ya me he ganado la felicidad única de haber compartido con un ángel mi vida. Tus más de setenta años forman parte de mis años, y tus cuadros de mis sueños. Gracias por tu mirada...

miércoles, 11 de octubre de 2006

Palabra y Luz

Siempre que pienso en ti te veo cabizbaja, tecleando lentamente un móvil, callada, observando. No sé por qué pero te imagino en la noche, nunca de día rodeada de gente, siempre sonriendo en la oscuridad.
Tu voz es la que hace volar los sueños de mis pensamientos y mis manos. Y te imagino como yo, sola, pendiente del trabajo o del reloj o repasando fugazmente un día que ya termina y que casi es igual que el de ayer.
Nunca me apetece dejar de hablar contigo, renunciar a nuestras risas y nuestros enfados. No soportaría acostarme sin oir tu voz ni levantarme sin saber que tú también estás pensando en mí... ¿por qué existe la distancia si no la queremos?
Sigo extrañándote, como casi todos los días desde que hace más de dos años te conocí. "Me gusta cuando no callas y estás más que presente..."
Afortunado es don Antonio que te ve caminar, cerca del viejo olmo, con un libro de sus poemas en las manos. Qué suerte haber vivido junto a ti aquel eclipse en una noche estrellada, llena de flores y pájaros asustados. Qué idiota el que ignore en tu presencia el verdadero milagro de sentirse vivo.
Llega de nuevo la noche y con ella la luz de tu voz. Ven ahora a mi lado, deja que me tumbe para oirte y recógeme en tu abrazo para que pueda dormirme tarde y así el sueño no logre escaparse. Nunca.

martes, 10 de octubre de 2006

Amistades II

Y aquí va la respuesta de mi amigo Antonio, para que luego digan que se puede vivir sin amistad:
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La amistad no existe. En caso de darse, es masculina. Si se produce, es un sentimiento unívoco. ¡Donde se ponga un buen enemigo...! Jamás te falla. En cambio, el amor, además de no existir, te folla.
Y como diría Woody Allen en respuesta a la afirmación de que el sexo sin amor es una experiencia vacía: "Como experiencia vacía, es de las mejores".
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Ay, qué haría yo sin ti, querido comedor se sangüich que engorda a pasos agigantados; aún no sé cómo carajo me las apañaba en tu ausencia... Por lo pronto disfrutando menos de la vida, seguro. Mil gracias, como siempre.

Amistades

Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones,
y si así lo deseas yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.
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Pablo Neruda
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¿Y que luego me digan que la amistad no es una declaración de amor en toda regla? Qué hay más reconfortante que las amistades para mirar siempre hacia adelante. Qué hay más indispensable que un amigo. Cuánta gilipollez gobierna el mundo... y cuántos prejuicios.

Cuando el diablo no tiene nada que hacer...

Siempre me encuentro agobiado por falta de tiempo. Tantas cosas por hacer y tan pocas horas que me regalan estas recién inauguradas tardes otoñales...
Y lo que más me molesta es esa gente que grita a los cuatro vientos que se aburre. ¡Se puede ser más idiota!
Perdón señores George, José María y Benedicto, no se den por aludidos; no iba por ustedes... (Cómo está el patio y lo que le preocupa ahora a estos tres la memoria histórica. Si es que no hay peor mal que estar ociosos).

martes, 12 de septiembre de 2006

Olvidado Larrea

Esta mañana ya he estado en mi nuevo instituto. He charlado con mis compañeros y a mis alumnos los conoceré el jueves. Repasando las estanterías de casa, buscando lecturas para recomendar en las aulas, vuelvo a retomar libritos que hace tiempo leí y que no acudo a ellos con la frecuencia que a mí me gustaría.
Eso me pasó hace unos días pero en un contexto diferente. Llevo años trabajando en la literatura española de vanguardia pero ya hacía tiempo que no releía al bilbaíno Juan Larrea (1895-1980), poeta más que olvidado y poco valorado en mi opinión. Mi amigo Iván (de Monleón) me ha hecho volver a abrir mi ejemplar de Versión celeste y me he dejado envolver nuevamente por la magia del tiempo, por unos versos (muy pocos, poquísimos) que me siguen deslumbrando como el primer día, que parecen recién escritos, que me hacen reflexionar sobre cómo verdaderos genios de la literatura aparecen mudos en los libros académicos. Padre impulsor del surrealismo en España, los versos existencialistas de Larrea, llenos de imaginación, de fuerza lírica y de una espiritualidad muy poco común en nuestras letras, son capaces de transportar al lector a un mundo onírico y hacerle partícipe de sus inquietudes con palabras oscuras que sólo comunican una parte; la otra tiene que ponerla el atento lector.
Iván, aquí copio estos versos que sé llevas muy cerca; gracias por las confidencias. Y ojalá que para ti lector, si te acercas por primera vez a Larrea, signifiquen un feliz descubrimiento.
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ESPINAS CUANDO NIEVA
(En un huerto de Fray Luis)
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Suéñame suéñame aprisa estrella de tierra
cultivada por mis párpados cógeme por mis asas de sombra
alócame de alas de mármol ardiendo estrella estrella entre mis cenizas
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Poder poder al fin hallar bajo mi sonrisa la estatua
de una tarde de sol los gestos a flor de agua
los ojos a flor de invierno
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Tú que en la alcoba del viento estás velando
la inocencia de depender de la hermosura volandera
que se traiciona en el ardor con que las hojas se vuelven hacia el pecho más débil
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Tú que asumes luz y abismo al borde esta carne
que cae hasta mis pies como una viveza herida
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Tú que en selvas de error andas perdida
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Supón que en mi silencio vive una oscura rosa sin salida y sin lucha
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Querido silencio

En el ajetreado mes de agosto pocos han sido este año los libros que me han acompañado; cada vez me cuesta más entablar conversaciones interesantes con los que accidentalmente o recomendados (oh desastre) caen en mis manos.
Sin embargo muchas noches de estío, agotado por el calor y las salidas desordenadas, me refugiaba en un libro de poemas magnífico que he leído repetidamente, como descubriéndolo nuevo en cada lectura. El poeta granadino Luis Muñoz, tras recopilar toda su obra poética en Limpiar pescado en 2005, ha publicado su último libro poco antes de empezar el verano: Querido silencio (Tusquets).
Un libro lleno de hallazgos, que camina casi sin hacer ruido entre la reflexión y la interiorización ante los hechos cotidianos, casi invisibles a los demás. Para muestra este "Campo de alcornoques" (que podrían estar en cualquier rincón de nuestra dehesa extremeña):
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No sé por qué, respiran paz,
la que no tengo.
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Ordenan la mirada, la sostienen,
le dan fuerza, la fuerza de esperar,
la que me falta.
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Son dependientes y únicos.
No sucumben al hoy.
No conocen la duda, su cadena explosiva.
No se llenan de noche,
la que me sobra.
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Afortunadamente, la poesía (si se escucha en silencio) sigue teniendo una conversación llena de luz, de vida al fin y al cabo. Pobres inmortales... Enhorabuena Luis, y gracias.

Trilogía de lo Invisible

Ahora sí que ha terminado el verano definitivamente; al menos para mí.
Este blog de ausencias abandonado por la compañía de nuevos y viejos amigos, dichosos días que afortunadamente se quedan en mí para siempre, traen hoy a un autor francés, Eric-Emmanuel Schmitt (muy conocido en su país), que me ha descubierto su interesante "Trilogía de lo Invisible". Tres tomitos muy delgados forman parte de este regalo literario: Milarepa, Oscar y Mamie Rose y El señor Ibrahim y las flores del Corán. Respectivamente abordan la religión tibetana, cristiana y judía-árabe desde unos cuentos luminosos, breves, mágicos.
Su lectura, abrazada para que sus pensamientos no se deshilen, me ha hecho reflexionar mucho, visiones diferenciadas pero que se solapan por este sueño de vivir eternamente aprehendiendo del ser humano, un ansia exacta, calcada, como reflejada en un viejo espejo heredado del que cada uno desde su mundo interior es incapaz de desprenderse.
Gracias a mi amigo Juan Margallo por descubrirme en estos tiempos de hastío y escalas de valores tan vacías este mundo literario que habla mucho (yo diría que todo) sobre ese camino con destino incierto que recorremos a diario... Una conversación desde el Castillo de Montánchez mientras el sol con sus últimos rayos arañaba, furioso y triste, unas tímidas piedras envejecidas, apagadas.

jueves, 3 de agosto de 2006

Sin vivir en mí

No se puede estar menos ocioso que en agosto. Montánchez (que no parece mi pueblo) tiene más vida en estos días que cualquier ciudad hiperturística de Extremadura. ¡Ay, qué agustito sin tanto turista jamonero!