
Lleva trabajando con el traje de novia como símbolo de las fantasías y deseos de felicidad cumplida, de amor y de cambio, pero también representan los malos tratos a las mujeres por parte de sus parejas; intenta así confrontar el amor que se quedó retenido en el traje del día de la boda con la violencia que posteriormente vivirán tantas mujeres.
Sueños rotos, al fin y al cabo. Ir vestida de novia y caminar por la calle, triste, seria, muda, desencadenó -no sólo en las chicas que se prestaron voluntarias sino en el público que presenciaba la procesión- sentimientos profundos entre la confusión y el respeto. Una imagen impactante ver esa cadena de mujeres tristes, casi penitentes, vestidas de blanco, andando lentamente por el Paseo de Cánovas o bajando desde San Mateo a San Jorge, con una luz anaranjada que gritaba cerca del anochecer, poniendo voz a los ojos hundidos, tristes, rotos de las silenciosas caminantes.
Felicidades por confiar en esta performance a la Diputación de Cáceres, que se apunta otro tanto como verdadera institución pública con preocupaciones e inquietudes artísticas en esta pobre ciudad que también aspira hacia otro sueño.