Me emocionan las tradiciones bien heredadas. Un pueblo pequeño, casi deshabitado, que moran unos cuarenta vecinos durante el resto del año, que vive con fervor las fiestas de San Juan y de Santa Filomena, que cantan "la Peseta" hasta quedar afónicos, que bailan "el Rosco" y que siguen cantando las coplas de madrugada a los recién casados.
En Montánchez nos esperan ahora las fiestas patronales. Son otra cosa. La fe hacia la Virgen del Castillo se entremezcla bulliciosamente con los toros y las verbenas. Porque, aunque muchos lo ignoren, hay vida después de los Encuentros en Montánchez, Diálogo de Culturas. Qué más cultura que las tradiciones de nuestros antepasados. Qué más diálogo con nuestra historia que la de revivir estas celebraciones. Si es que a estas alturas ya está todo descubierto...