
Y aquí sentado en la soledad de la noche, me vienen a la memoria imágenes antiguas en blanco y negro, con sonrisas, bailes y abrazos; las pocas y vacías visitas al cementerio de Montánchez, materializadas en la triste frase de su entrada que me susurra al oído esta foto de mi amiga Sara Solomando; el fervor y la esperanza de la gente para con sus antepasados; las calles de los camposantos llenas de colores de falsa primavera y suelos y lápidas radiantemente limpias. ¿Por qué sólo llevamos flores a nuestros recuerdos en estos días? ¿Y el resto del año, de los años? ¿Quién realmente nos espera tras esas verjas oxidadas que separan la vida de la muerte?
Y de fondo palabras encadenadas que me martillean sin piedad: templo de la verdad, no desoigas, voz, ilusión...